viernes, 25 de enero de 2013

¿Natación para bajar de peso?


 
Consultados acerca de si la natación constituye un camino eficaz hacia la pérdida de peso, 7 de cada 10 personas, (71%) señalaron que efectivamente este deporte ayuda a bajar de peso; 2 de cada 10 (21%) indicaron lo contrario, mientras que un 8% no supo qué responder. La encuesta on-line contestada por 215 cibernautas, tuvo lugar entre los meses de enero y julio de 2009.

Antes de adentrarnos en el análisis de los resultados del sondeo, y hurgando directamente en el terreno propio de la disciplina, quisiéramos identificar cuatro elementos fundamentales a tener en cuenta a la hora de sopesar los beneficios de la natación frente a la baja de peso:
El primero de ellos tiene que ver con el tiempo que demanda nadar: ¿Cuántos minutos le dedicamos al agua? ¿Con qué frecuencia semanal? Uno de los errores más comunes consiste en pensar a la natación desde la lógica de “cuánto tiempo me insume”, donde la demanda de horas que supone parece ser un sacrificio extra frente a otros deportes y constituye uno de los principales obstáculos para practicarla.

Así, en tiempos en que “mientras más rápido, mejor”, al comparar la ida a una pileta contra otro tipo de ejercicios (gimnasia, spinning, running, bicicleta, boxeo, etc.), la natación queda claramente relegada. Argumentos tales como “requiere de mucho tiempo antes y después, llevarse ropa, ducharse después…”; o “implica mucha más dedicación que ir al gimnasio y volver a casa, etc.”, confirman la regla, rotulando a nuestro ejercicio como altamente demandante y sacrificado.

En realidad, pensándolo en frío, el tiempo que se invierte en ir a nadar puede utilizarse también para hacer otras actividades domésticas; por ejemplo, bañarse. De este modo, la clave está en saber sacar provecho del tiempo invertido en vestuario y ahorrarse un paso al llegar a casa.

Ahora bien, volviendo a nuestra pregunta inicial, es bueno recordar que la pérdida de peso “demanda sacrificios” y siempre se pondera por los resultados que vayamos obteniendo, con lo cual “el sacrificio” deviene una variable crucial ante el adelgazamiento. Esto da por tierra con la idea de “adelgazar sin transpirar”, idea que pareciera comenzar a instalarse en nuestras sociedades en los tiempos que corren.


Otro de los factores a tener en cuenta es la intensidad del ejercicio: esto se relaciona con las pausas entre cada módulo y submódulo de los ejercicios que componen a una rutina de nado; también con la demanda energética que ésta suponga. En caso de no contar con una rutina de entrenamiento o profesores de natación que nos orienten en este sentido, es altamente recomendable comenzar a buscarlo. En caso de ausencia forzosa del mismo, la intensidad del trabajo en el agua quedaría supeditada exclusivamente al plano subjetivo de quien se ejercita. En estos casos, lamentablemente “intensidad” y “sentido de la intensidad” pasan a ser la misma cosa, quedando en nuestras propias manos el control de la exigencia sobre nuestros propios cuerpos (a saber: nadar al 60%, 70%, 80%, 90% o 100% de nuestro máximo alcanzable).

Lógicamente, es de esperar que quien practica natación a un ritmo extremadamente suave, es decir “sin sentir” el rigor o la fatiga propia de la exigencia, difícilmente logre sus objetivos reductores de peso y, mucho menos, de entrenamiento deportivo.

En tercer lugar aparece la alimentación: es el elemento crítico que todo nadador (y/o aspirante a bajar de peso) debe considerar. Para ello, resulta central la consulta a especialistas (nutricionistas y médicos deportólogos) que nos ayuden a llevar adelante una dieta equilibrada acorde con el desgaste físico al que se somete al cuerpo. No lo determine por su cuenta, no ingiera lo que a usted le parezca adecuado, pues la clave de toda dieta radica no sólo en las energías “quemadas”, sino también en las “consumidas”.

La última -y más importante- de las variables que influyen directamente, tanto sobre la performance de un nadador en el agua como de las variaciones en su peso, está relacionada con la Constancia a la hora de enfrentar una rutina sistematizada de asistencia a una piscina. En este sentido, se debe estar preparado “mentalmente” para soportar la demanda de tiempos y el esfuerzo que supone comenzar a ver resultados reales a mediano y/o largo plazo. No espere verse más delgado o delgada en apenas 2 o 3 meses. Recuerde que las recetas mágicas no existen y muchas de las que así se autoproclaman –por brindar soluciones cuasi-inmediatas-, a la larga dejan en evidencia su esterilidad cuando quien las abandona experimenta repentinos incrementos de peso y/o problemas de salud. No se engañe… asuma una responsabilidad y sea “constante”!

Ahora bien, retomando los resultados de la encuesta, y más allá de la contundencia de sus resultados -es decir, que la mayoría de los encuestados piensa que nadando se pierde peso-, también merece la pena destacar que existe una significativa proporción de respondentes que no piensa lo mismo (ascendiendo a 3 de cada 10). Entonces ¿Es realmente eficaz la natación para adelgazar? ¿Por qué será que algunos no comparten esta perspectiva? La respuesta no es simple pero diremos que es posible disminuir de peso nadando, mas no sin aclarar que un adelgazamiento en el agua dependerá tanto del peso relativo que el nadador asigne a cada una de los cuatro elementos que mencionamos antes, como así también de “la razón de ser” de la práctica deportiva “para uno mismo”.

La razón de ser de la natación para uno mismo: ¿la estética es salud?
En este punto es preciso introducir una distinción que, aunque sutil, no es menos relevante. Puntualmente hablamos de la diferencia fundamental que existe entre “estética” y “salud”.

Pensamos que, a partir del dimensionamiento de este concepto, podremos abordar seriamente el tema partiendo desde un eje más claro y omni-comprensivo.

Esto significa que, si bien armonía morfológica corporal y salubridad (salud) del cuerpo están estrechamente relacionadas, es claro que ambas cosas no son lo mismo. Pero en un mundo paulatinamente más proclive a valorar estos dos atributos en forma positiva e inseparable, resulta que, en muchos casos, cuando alguien busca “bajar de peso” puede no estar motivado por una sola causa, sino que esto puede deberse a múltiples razones: para verse mejor, para sentirse bien, por prescripción médica ante determinadas dolencias, para que “entre la ropa”, bajar para estar a la moda, o incluso sin que aparentemente exista una razón clara.

Ante esta realidad (y en un contexto en que la cultura de la imagen deviene religión), la pregunta obligada parece ser otra: ¿Nadamos para contribuir positivamente a nuestra salud y calidad de vida? ¿O lo hacemos simplemente para eliminar esos rollitos que no nos gusta ver merodeando alrededor de alguna parte del cuerpo?

En rigor, “el verse bien” no necesariamente implica “sentirse bien”; tampoco quiere decir “encontrarse realmente bien”, independientemente de cómo se sienta cada uno. Con esto queremos decir ni más ni menos que la “pérdida de peso corporal”, no necesariamente es sinónimo de salud, siendo éste uno de los puntos clave que hacen a esta cuestión.

Veámoslo así: es común escuchar que hay personas que concurren a una piscina frecuentemente y ejercitan rutinas de natación para bajar de peso, aunque en realidad terminan aumentando sus kilos en la balanza sin entender por qué razón. Esto los lleva a pensar que “la natación no contribuye en nada a disminuir su peso”.

En realidad, bien podríamos estar frente a un simple caso de aumento de masa muscular en detrimento de reservas adiposas, y es sabido que, “el músculo pesa más que la grasa”. Conclusión: es de esperar un aumento de peso en términos absolutos, pues la reducción de grasas y el aumento de la musculatura estarían actuando en esa dirección.


Con todo, ¿es esto bueno o malo? ¿Será este resultado igualmente valorado por hombres que por mujeres? No todos nadan por la misma razón, eso sí es claro. Lo cierto es que, algo que a priori evaluamos negativamente (pues nuestro peso aumentaba con el ejercicio), resulta a fin de cuentas contribuir positivamente a la salud… ¡EL PESO ES SALUD!


De acuerdo con esto, entonces, la relación entre natación y adelgazamiento se relativiza, para reducirse sencillamente a “las expectativas reales de quien que practica natación”… ¡esa es la cuestión!

Así, antes de plantearnos bajar de peso recurriendo al agua, sería conveniente plantearnos “para qué queremos bajar de peso”… en definitiva, para qué se está nadando (¿verse bien?, ¿sentirse bien?, ¿ambas cosas?, ¿adelgazar morfológicamente o perder grasa y ganar fibra? ¿Mantenerse joven? ¿Participar de alguna competencia? ¿Bajar tiempos en la pileta?)… de ello dependerá el éxito o el fracaso de la práctica deportiva –tanto de la natación como de cualquier otra- a la hora de evaluar la eficacia de la misma frente a una balanza.


Fuente: Marea Roja