domingo, 20 de octubre de 2013

OBESIDAD Y TABACO



  
     
 La relación obesidad y tabaco cada día adquiere mayor importancia en el curso y evolución de la enfermedad ya que, si la obesidad por sí sola es un importante factor de riesgo para el desarrollo de numerosas enfermedades, al asociarle el tabaquismo el riesgo se multiplica. Actualmente casi 6 millones de personas mueren al año a causa del tabaco, siendo éste el responsable de casi el 71% de los cánceres de pulmón, 42% de las enfermedades respiratorias crónicas y casi el 10% de las patologías cardiovasculares. Si a ello le sumamos que unos 2,8 millones de personas mueren al año por obesidad o sobrepeso y que la ausencia de ejercicio físico aumenta un 20-30% el riesgo de muerte prematura, los resultados son alarmantes. Conociendo estos datos, el objetivo cardinal es la prevención, ya que, según los especialistas, todas estas muertes podrían evitarse llevando el paciente una vida saludable en la que incluya una dieta equilibrada y adaptada a sus necesidades, abandonando el hábito tabáquico e incorporando actividad física a su vida cotidiana.



     Numerosos estudios se han centrado estos últimos años en analizar esta relación y entre los resultados obtenidos ha quedado patente que los cigarrillos siempre producen un efecto nocivo sobre los fumadores, el cual se ve incrementado si estos padecen obesidad o sobrepeso:



- El tabaco, en las primeras fases de obesidad, favorece la retención de triglicéridos y colesterol (aumento neto de las cifras de colesterol total a expensas del LDL colesterol), por lo que promueve la aparición de aterosclerosis con el consiguiente riesgo cardiovascular. Ocurre tanto en fumadores activos como pasivos. La aterosclerosis es una enfermedad vascular oclusiva que puede ocasionar fenómenos isquémicos y/o embólicos. Por un lado el tabaco está implicado en su patogenia porque aumenta los niveles de colesterol, que quedará adherido a la pared interna de los vasos, formando placas de ateroma que disminuyen su diámetro y pudiéndose desprender en forma de émbolo, y por otro actúa a través de la nicotina y el monóxido de carbono. La nicotina es un vasoconstrictor arterial y al actuar a este nivel produce un aumento de las resistencias periféricas, lo que se traduce en que el corazón aumenta su gasto y los tejidos periféricos no consiguen toda la irrigación que necesitan, es un hipertensor arterial. El monóxido de carbono, por su parte, compite con el oxígeno por la hemoglobina, uniéndose a esta con mayor afinidad, y disminuyendo la oxigenación de los tejidos. Todos estos efectos crean un círculo vicioso que desemboca en una hipertensión arterial mantenida que poco a poco lesiona más la íntima de los vasos arteriales.



- Los pacientes obesos fumadores tienen mayor riesgo de desarrollar Síndrome Metabólico que los pacientes obesos no fumadores. El Síndrome Metabólico es una entidad formada por diversas patologías, que constituyen factores de riesgo lipídicos (hipercolesterolemia, por ejemplo) y no lipídicos (resistencia a la insulina o Diabetes tipo II), y que en su evolución producen un importante aumento de la probabilidad de padecer  afectaciones cardiovasculares. El tabaco no sólo está implicado en la aparición de este síndrome, sino que, además, es un factor agravante que acentúa sus síntomas en los individuos que ya lo hayan desarrollado.



- Los telómeros son los extremos del cromosoma (material genético) y se encargan de proporcionarle estabilidad, permitir la división celular (marcan el número de divisiones producidas hasta que la célula muere) y determinar el tiempo de vida de la célula. Se ha descubierto que en individuos fumadores y con IMC (Índice de Masa Corporal) alto estas porciones cromosómicas están más erosionadas y su longitud es menor que en el resto de la población no fumadora con un IMC dentro de la normalidad. Debido a la pérdida progresiva de las estructuras protectoras que son los telómeros, se produce una acumulación de daño en nuestro material genético, que se traduce en un envejecimiento del organismo. Además, hay una importante relación entre la erosión telomérica  y la aparición de cáncer, pues es mucho más fácil que se produzcan las mutaciones celulares que originan células cancerígenas. Se estima que hasta el 70% de los cánceres que existen están provocados por la obesidad y/o el tabaquismo.



- En varios estudios se ha observado que cuanto mayor es el índice de obesidad del individuo, mayor es también el número de cigarrillos consumidos. Este hecho puede ser debido a una actitud compulsiva que responde al intento de calmar el hambre. Existe la idea errónea de que el tabaco adelgaza, y nada más lejos de la realidad, si bien es cierto que la nicotina tiene efectos anorexígenos, el tabaco no solo no previene la obesidad, sino que aumenta la probabilidad de padecerla en exfumadores. Además, los obesos fumadores también aumentan de peso aunque mantengan el hábito tabáquico. Los pacientes que se encuentren en esta situación deberían plantearse un cambio en su estilo de vida, comenzar en primer lugar siguiendo unas indicaciones dietéticas de la mano de un profesional, bajar de peso hasta alcanzar un IMC dentro de la normalidad ayudándose de ejercicio físico regular, y una vez conseguido este propósito, abandonar el hábito tabáquico definitivamente.



- Tabaco y obesidad también influyen negativamente en la fertilidad, pues tanto mujeres como hombres obesos y fumadores son menos fértiles que mujeres y hombres no fumadores y no obesos. Además, sobre todo en el sexo femenino, es mucho más frecuente la aparición de Tombosis Venosa Profunda (TVP), disparándose la frecuencia de aparición en la obesidad mórbida.



     En definitiva, la asociación de tabaco y obesidad supone un importantísimo factor de riesgo para la aparición de enfermedades cardiovasculares, sobre todo hipertensión arterial y aterosclerosis que darán lugar a Infarto Agudo de Miocardio (IAM) e Ictus, entre otros, si no se toman medidas serias al respecto. Hoy en día el manejo de estas patologías se centra cada vez más en programas de prevención primaria, el abandono del hábito tabáquico y los cambios conductuales en cuanto a alimentación y actividad física son la base para que las cifras de mortalidad, causadas por estas entidades, disminuyan.